
Las formas inductoras
Con el nombre de formas inductoras nos referimos a estímulos gráficos que se utilizan como base para el desarrollo de otra forma más compleja.
Éstas son bastante utilizadas para la estimulación de la creatividad infantil. Las formas evocadoras son uno de los mejores modos para superar el “bloqueo del papel en blanco”, ya que son un estímulo ya desarrollado con el que empezar a dibujar nuestra propia idea. Por este motivo, en la escuela infantil es habitual proponer a los niños un método creativo que se consiste en hacer pequeños trazos de bolígrafo sobre un papel blanco y, posteriormente, decirle al sujeto que lo utilice y lo complete con su propio dibujo. De esta manera, el niño no se ve solo en frente a su universo creativo, sino que permanece orientado hacia una creación controlada.
Como ejemplo pondremos una pequeña prueba muy común de este tipo de creatividad: Lo primero es mirar la imágen de arriba. A partir de un garabato cualquiera, hecho sin ninguna previsión, ni premeditación, hay que sacar una figura que nos sea familiar y reconstruírla a partir de los trazos que se nos dan. En el primer caso, la figura está encontrada y recalcada. En el segundo, el trabajo está por hacer, ¿es posible encontrar alguna figura a partir de ese garabato?
También muchos métodos creativos de en el ámbito del marketing se apoyan en estas formas inductoras. El ejemplo de esto la técnica llamada, precisamente, “de las formas inductoras”. Ésta es una técnica de grupo utilizada para dibujar nuevos paquetes y mensajes publicitarios. La base fundamental de esta técnica es conseguir un clima de trabajo profundamente rejalado para conseguir así una coincidencia entre las sugerencias gráficas y algunas de las imágenes de nuestro inconsciente.
También muchos métodos creativos de en el ámbito del marketing se apoyan en estas formas inductoras. El ejemplo de esto la técnica llamada, precisamente, “de las formas inductoras”. Ésta es una técnica de grupo utilizada para dibujar nuevos paquetes y mensajes publicitarios. La base fundamental de esta técnica es conseguir un clima de trabajo profundamente rejalado para conseguir así una coincidencia entre las sugerencias gráficas y algunas de las imágenes de nuestro inconsciente.
Representación y reconocimiento del mundo
Hay un gran contraste entre el mundo y la experiencia que el hombre tiene de esto. Los seres humanos construimos un mapa del mundo sobre el que actuamos y con el que creamos nuestros comportamientos. El conjunto de información que nos traen los órganos de los sentidos y su reelaboración posterior en la memoria, nos permite crear “la ilusión” de la conciencia, dentro del contexto en que actuamos.
La memoria funciona como una especie de compartimento almacendor de datos a propósito de las “formas del mundo”; pero se coloca entre representación y reconocimiento porque, al final, lo que podemos reconocer es la nuestra representación y no la “Verdad” (el noumeno de Kant). Este dispositivo de creación y reconocimiento, tiene que relacionarse con muchos otros ámbitos, como lo neurológico, lo social o lo individual, que perfilan los diferentes mapas mentales de los diferentes individuos.
Como conclusión destacar que un buen mapa es aquel que nos permite tener en las manos una representación útil del espacio.




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