
Imagina tu ciudad ideal.
Piensa en las casas: ¿De qué tendrían forma?: ¿Redondas? ¿cuadradas? ¿pequeñas casitas? ¿grandes rascacielos? ¿De estilo moderno? ¿Clásico? ¿Casas curvas? ¿Rectas? ¿Grandes monumentos?
¿De qué estarías hechas?: ¿De paja? ¿De madera? ¿De corcho? ¿de hormigón?
¿Cómo sería el trazado de las calles? ¿Regular y amplio? ¿con calles estrechas e intrincadas?
¿Cómo sería la sociedad que habitaría en ellas? ¿En qué tiempo sitúas esta ciudad ideal?
¿Qué problemas podrían surgir en la ciudad? ¿Cómo solucionarlos?
Precisamente porque la imaginación es infinita, el imaginar se convierte en un juego sin límites.



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